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Ciencia ficción 310 páginas Ejemplo276 votos ficticios

Señal desde Proxima

de Adrián Llorente

El radiotelescopio de Yebes capta una señal que se repite cada 4,2 años. Nadie le presta atención hasta que una estudiante de doctorado se da cuenta de que el mensaje es una respuesta. Y de que alguien, en la Tierra, envió la pregunta.

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Capítulo 1

La señal llegó a las tres y diecisiete de la madrugada, y durante cuatro años y dos meses nadie se molestó en escucharla.

Marta Ibarra la encontró por casualidad, que es como se encuentran casi todas las cosas importantes en un observatorio: buscando otra cosa. Llevaba semanas revisando registros antiguos del radiotelescopio de Yebes para su tesis, una tesis tan aburrida que ni su directora recordaba ya el título exacto, cuando el programa de limpieza marcó una anomalía en un archivo de 2022. Un pico estrecho, limpio, demasiado ordenado para ser ruido.

Lo habría descartado si no hubiera visto el mismo pico, idéntico, en un registro de 2018.

Y en otro de 2013.

Eran casi las dos de la mañana. Fuera, el páramo de Guadalajara estaba oscuro y helado, y la gran antena blanca giraba despacio contra un cielo lleno de estrellas que no parecían tener ninguna prisa. Marta se preparó el cuarto café de la noche en la máquina del pasillo, volvió a su mesa y se obligó a contar con calma.

Cuatro coma dos años. Siempre el mismo intervalo.

Conocía esa cifra como conocía su número de teléfono. Cuatro coma dos años luz era la distancia a Proxima Centauri, la estrella más cercana al Sol. Una señal que se repitiera exactamente con ese periodo podía ser una coincidencia, claro. O podía ser algo que viajaba hasta aquí, rebotaba en algo y volvía.

O algo que contestaba.

—No digas tonterías —se dijo en voz alta, y la voz le sonó rara en la sala vacía.

Pasó el resto de la noche descomponiendo la señal. No era un pulso simple: tenía estructura, capas, una secuencia de números primos al principio como quien carraspea antes de hablar. Y después, una serie más larga que no supo leer hasta que, casi al amanecer, se le ocurrió compararla con las bases de datos de emisiones terrestres.

La coincidencia fue del noventa y ocho por ciento.

El ordenador le devolvió una ficha con un código de transmisión, una fecha de 2009 y una ubicación que no era ningún observatorio conocido, sino unas coordenadas en mitad de la sierra de Albarracín. En el campo del responsable solo había un nombre, escrito a mano y escaneado con torpeza.

Era el nombre de su padre.

Su padre, que era albañil, que nunca había mirado el cielo más que para saber si iba a llover y que llevaba quince años muerto.

Fin del capítulo 1

Foto de Adrián Llorente

Sobre el autor

Adrián Llorente

Astrofísico en el Observatorio de Yebes. Escribe la novela que le gustaría que le pasara un martes cualquiera.