Libro de ejemplo. Autor, texto y votos son ficticios: sirven para que veas cómo funciona Capítulo1. No compite en el ranking. Ver los libros que compiten

Portada de Memoria de los que no volvieron
Narrativa 272 páginas Ejemplo284 votos ficticios

Memoria de los que no volvieron

de Elena Rocamora

Tres generaciones de mujeres de un pueblo de Teruel esperan a hombres que se marcharon: a la guerra, a Alemania, a la ciudad. Una novela coral sobre lo que se queda cuando alguien se va y sobre las que tuvieron que sostenerlo todo.

Lectura gratuita

Capítulo 1

En Valdecuervos las mujeres aprendían a esperar antes que a leer, y Remedios lo aprendió a los seis años, el día que su padre se fue a la guerra con una boina prestada y la promesa de volver para la siega.

No volvió para la siega. Tampoco para la otra, ni para la siguiente. Su madre siguió poniendo un plato más en la mesa durante tres inviernos, y luego un día, sin decir nada, dejó de ponerlo. Remedios recuerda ese día mejor que cualquier otro de su infancia: el hueco en el mantel de hule, el silencio de la cuchara, la forma en que su madre se sentó por primera vez en la silla de la cabecera.

—Ahora come —le dijo—. Que la comida no espera a nadie.

Eso fue lo único que le explicó.

Setenta años después, Remedios sigue viviendo en la misma casa de la calle del Horno, con las mismas paredes de piedra que sudan en enero y el mismo reloj de pared que nadie ha vuelto a dar cuerda desde que se murió su marido. Porque también él se fue, aunque de otra manera. A Alemania, en el sesenta y dos, con una maleta de cartón atada con cuerda y un contrato en un idioma que no entendía. Mandaba dinero y fotografías delante de una fábrica gris. Volvió once años más tarde con los pulmones estropeados y una tristeza que ya no se le quitó.

Y su hija, Pilar, que juró que ella nunca esperaría a nadie, terminó esperando también. A un hombre de Zaragoza que se la llevó a la ciudad y que un día, sin más, se marchó con otra a la costa. Pilar regresó al pueblo con una niña de cuatro años de la mano y la cabeza muy alta, como si volver no fuera rendirse.

Esa niña es Lucía. Tiene ya treinta y ocho años y esta mañana ha llamado desde Madrid para decir que viene el viernes.

Remedios ha colgado el teléfono despacio. Ha mirado por la ventana la calle vacía, donde ya solo quedan veintitantos vecinos y más gatos que niños. Ha pensado en todas las veces que esa calle se ha llenado de despedidas y en lo poco que se ha llenado de regresos.

Luego ha subido al desván, por primera vez en muchos años, y ha abierto el baúl de su madre.

Debajo de las sábanas de ajuar, envuelta en un pañuelo negro, había una carta sin abrir. El matasellos era de 1939. Y el remitente era su padre.

Fin del capítulo 1

Foto de Elena Rocamora

Sobre el autor

Elena Rocamora

Nacida en un pueblo de Teruel que hoy tiene veintitrés habitantes. Escribe para que no se pierdan las voces de su abuela y sus vecinas.