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Portada de Lo que el mar devuelve
Thriller 288 páginas Ejemplo355 votos ficticios

Lo que el mar devuelve

de Héctor Albarracín

Cada invierno, la marea de Punta Negra devuelve un objeto de alguien que se fue. Este año devuelve un móvil que todavía funciona. La sargento Lucía Ferrán tiene seis días para averiguar por qué el último mensaje está fechado mañana.

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Capítulo 1

El mar de Punta Negra nunca devolvía nada por casualidad, y la sargento Lucía Ferrán lo sabía desde que tenía nueve años y encontró en la arena el zapato de su abuelo.

Aquella mañana de enero el viento soplaba del noroeste, salado y cortante, y el cielo tenía el color de una lata vieja. Lucía aparcó el todoterreno junto al muro del paseo y bajó sin prisa. Abajo, en la franja de playa que la marea acababa de abandonar, tres vecinos formaban un corro alrededor de algo pequeño. Ninguno se atrevía a tocarlo.

—Lleva vibrando desde las siete —dijo Ramiro, el del bar, sin apartar la vista del suelo—. Lo encontró mi chaval cuando sacaba el perro.

Era un teléfono móvil. Negro, sin funda, con la pantalla rajada en diagonal y un poco de alga enredada en el conector. Debería haber estado muerto. Cualquier aparato que hubiera pasado una sola noche en aquellas aguas habría estado muerto. Pero la pantalla se encendía cada pocos segundos, con un brillo débil, como un pulso.

Lucía se puso los guantes y se agachó. Le olía a sal y a gasóleo. Cuando lo levantó, el teléfono vibró otra vez en su palma, y ella sintió un escalofrío que no tenía nada que ver con el frío.

En Punta Negra todos conocían la costumbre del mar. Cada invierno, con la primera gran marea, aparecía algo: una gorra, un anillo, la cartera de un marinero que llevaba años en el fondo. La gente lo llamaba la devolución, y había quien encendía velas y quien prefería no bajar a la playa esos días. Nadie le buscaba explicación. En un pueblo pequeño, algunas preguntas se dejan quietas para que no muerdan.

—¿De quién es? —preguntó la mujer del estanco.

—Todavía no lo sé.

Lucía pulsó el botón lateral. No había contraseña. La pantalla de bloqueo mostraba una foto borrosa de un faro, el de Punta Negra, tomada de noche desde el agua. Debajo, una sola notificación de mensajes sin leer.

La abrió.

Era un texto corto, enviado desde un número oculto. Cuatro palabras: No dejes que salga. Nada más. Ni nombre, ni firma, ni contexto.

Lucía estuvo a punto de guardar el aparato en una bolsa de pruebas y olvidarse del asunto hasta que llegara alguien de Coruña con más medios y menos frío. Entonces se fijó en la fecha que aparecía junto al mensaje.

Leyó la cifra dos veces. Luego miró su reloj, y después el calendario del propio teléfono, por si estaba desajustado.

No lo estaba.

El mensaje había sido enviado mañana.

Fin del capítulo 1

Foto de Héctor Albarracín

Sobre el autor

Héctor Albarracín

Exfotógrafo de prensa en Galicia. Lleva veinte años mirando el mar y diez escribiendo lo que imagina debajo.