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Narrativa 204 páginas Ejemplo228 votos ficticios

Instrucciones para olvidar a alguien

de Marcos Villalba

Tras una ruptura, Bruno decide seguir al pie de la letra un manual de autoayuda de los años ochenta encontrado en un rastro. Cada capítulo le propone una tarea absurda, y cada tarea le acerca a una desconocida que parece estar leyendo el mismo libro.

Lectura gratuita

Capítulo 1

El libro costaba un euro y Bruno lo compró porque era lo único del puesto que no le recordaba a Clara.

Era domingo, finales de octubre, y el rastro de la Alameda olía a churros, a lluvia reciente y a muebles que habían pertenecido a gente muerta. Bruno llevaba tres semanas sin dormir bien, dos sin afeitarse y once días exactos sin abrir el chat donde la última frase seguía siendo de ella: Creo que los dos sabemos que esto ya no funciona. Él no lo sabía. Él había creído que funcionaba estupendamente, como esas lavadoras viejas que hacen un ruido raro pero siguen lavando.

El libro estaba en una caja de cartón, entre un manual de punto de cruz y una guía de Benidorm de 1979. Tenía la tapa naranja y unas letras muy grandes, de esas que anuncian que van a cambiarte la vida: Instrucciones para olvidar a alguien. Doce pasos infalibles para recuperar su corazón (el suyo, no el de la otra persona). El autor se llamaba doctor Anselmo Rufián, lo cual ya debería haberle hecho sospechar.

—Eso es una joya —le dijo el vendedor, un señor con chaleco de pana—. Mi cuñado lo leyó y se volvió a casar.

—¿Con la misma?

—Con otra. Que es de lo que se trata.

Bruno pagó con una moneda y se lo llevó bajo el brazo, sin saber muy bien por qué.

Esa noche, en el piso que ahora le parecía enorme, lo abrió por la primera página. El doctor Rufián tenía una prosa entusiasta, llena de signos de exclamación y de frases subrayadas por él mismo. El primer capítulo se titulaba «Paso uno: compre un cactus y póngale el nombre de su expareja». Las instrucciones eran claras. Había que regarlo cada quince días, hablarle con educación y, al cabo de un mes, regalárselo a un desconocido en un lugar público.

Bruno se rió por primera vez en tres semanas. Luego, sin pensarlo demasiado, decidió que no tenía nada mejor que hacer.

El lunes por la mañana entró en un vivero de la calle Feria y se plantó delante de la sección de cactus. Había uno pequeño y redondo, con espinas blancas, que parecía ofendido con el mundo. Le gustó.

Cuando fue a cogerlo, otra mano se adelantó.

Era una chica de pelo rizado y chubasquero amarillo. Llevaba un libro bajo el brazo, con la tapa naranja y las letras muy grandes, y lo miraba con la misma cara de sorpresa que debía de tener él.

—Perdona —dijo ella—. Es que este se va a llamar Fernando.

Fin del capítulo 1

Sobre el autor

Marcos Villalba

Guionista de radio en Sevilla. Escribe comedias tristes y tristezas divertidas.