Libro de ejemplo. Autor, texto y votos son ficticios: sirven para que veas cómo funciona Capítulo1. No compite en el ranking. Ver los libros que compiten

Portada de El impostor de Villamora
Thriller 282 páginas Ejemplo61 votos ficticios

El impostor de Villamora

de Ignacio Rebollo

Treinta años después de desaparecer siendo niño, un hombre vuelve a Villamora asegurando ser Daniel Arroyo. La familia lo acoge con los brazos abiertos. Solo su hermana pequeña sabe que es imposible: ella vio morir a Daniel.

Lectura gratuita

Capítulo 1

El hombre que decía ser mi hermano llegó a Villamora un martes de noviembre, en el autobús de las cinco, con una maleta de cartón y treinta años de retraso.

Lo vi bajar desde la ventana de la farmacia, entre dos clientas que discutían sobre el precio del jarabe. Llevaba un abrigo demasiado fino para el frío de la meseta y caminaba despacio, mirando las fachadas como quien repasa un álbum de fotos. Se detuvo frente a la fuente de la plaza, la de los tres caños, y apoyó la mano en la piedra. Fue ese gesto lo que me heló la sangre. Daniel hacía exactamente eso cada vez que volvíamos del colegio: tocar la fuente para que le diera suerte.

—¿Ese quién es, Lucía? —preguntó la señora Remedios.

—No lo sé —mentí.

Aquella misma noche, mi madre me llamó llorando. No era un llanto triste. Era algo peor, una alegría tan desbordada que daba miedo escucharla.

—Ha vuelto, hija. Tu hermano ha vuelto. Está aquí, en casa, cenando con tu padre. Sabe lo de la higuera, Lucía. Sabe lo del perro. Lo sabe todo.

Colgué sin despedirme. Me quedé un buen rato sentada en la cocina, con el teléfono en la mano y la mirada perdida en la oscuridad del patio, escuchando el zumbido de la nevera.

En Villamora todo el mundo conoce la historia. En el verano de mil novecientos noventa y cuatro, Daniel Arroyo, de nueve años, salió en bicicleta hacia el río y no regresó. Encontraron la bicicleta junto al molino viejo. Rastrearon el agua durante semanas, vinieron perros de Valladolid, salió en la televisión. Nunca apareció el cuerpo. Mis padres se pasaron tres décadas poniendo un plato de más en Nochebuena.

Lo que nadie sabe, lo que yo no he dicho jamás en voz alta, ni a mis padres, ni al cura, ni al guardia civil que me tomó declaración con una piruleta en la mano, es que yo estaba allí.

Tenía seis años. Me había escondido detrás del molino para seguirle sin que se enterara. Y vi lo que pasó en la orilla. Lo vi con la claridad terrible con que los niños ven las cosas que luego no saben nombrar.

Daniel no se fue a ninguna parte. Daniel se quedó en aquel río.

A la mañana siguiente, cuando entré en casa de mis padres, el hombre estaba sentado en la silla de mi hermano, junto a la ventana. Levantó la vista del café y me sonrió.

—Hola, Lucía —dijo—. Has crecido mucho desde lo del molino.

Fin del capítulo 1

Sobre el autor

Ignacio Rebollo

Notario rural en Soria. Ha visto tantos testamentos y herencias que ya nada en una familia le sorprende.