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Portada de El efecto mariposa de Julia
Ciencia ficción 268 páginas Ejemplo33 votos ficticios

El efecto mariposa de Julia

de Óscar Lizarraga

Julia descubre que cada vez que se duerme despierta en una versión ligeramente distinta de su vida. En todas, hay algo que se repite: una cita a la que nunca llega. Esta vez está decidida a acudir.

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Capítulo 1

La primera vez que Julia se despertó en una vida que no era la suya, lo único distinto era el color de la taza del desayuno.

Era azul. Siempre había sido amarilla, la de los girasoles que le regaló su hermana un cumpleaños, con el asa un poco desconchada. Pero aquella mañana de marzo, en la cocina de su piso de la calle Estafeta, la taza era azul, lisa, sin un solo desconchón. Julia la sostuvo un rato entre las manos, buscando una explicación razonable. No la encontró, así que se tomó el café y se fue a trabajar.

Dos noches más tarde, al despertar, su gato se llamaba de otra manera. Seguía siendo el mismo gato atigrado y gordo que dormía sobre sus pies, pero en la placa del collar ponía Tolstói en lugar de Bizcocho, y cuando ella lo llamó por su nombre de siempre, el animal la miró con indiferencia.

Después vinieron cambios más grandes. Un tatuaje en la muñeca que no recordaba haberse hecho. Un trabajo en una librería en vez de en la clínica dental. Un padre vivo que la llamaba los domingos para preguntarle si había comido bien. Julia aprendió a no hacer preguntas. Aprendió a mirar el móvil nada más abrir los ojos para averiguar quién era ese día, igual que otros miran el tiempo.

Lo había anotado todo en una libreta que, curiosamente, no cambiaba nunca. Llevaba ya cuarenta y siete versiones. En la última página había una lista con una sola línea repetida, una y otra vez, con letras cada vez más apretadas.

Sábado, 19:00. Café Iruña. Mesa junto a la ventana.

En todas sus vidas, sin excepción, había una cita. A veces la encontraba en la agenda del móvil, otras en un pósit pegado a la nevera, otras escrita a bolígrafo en la palma de su propia mano. Nunca sabía con quién era. Y nunca, en ninguna de las cuarenta y siete versiones, había conseguido llegar. Siempre ocurría algo: una avería en la villavesa, una gripe repentina, una llamada urgente, un portal que no se abría.

Aquel viernes por la noche, antes de acostarse, Julia se ató los cordones de las zapatillas, metió la libreta en el bolsillo del abrigo y se tumbó en la cama completamente vestida.

—Esta vez sí —le dijo al gato, se llamara como se llamase.

Cerró los ojos. Cuando volvió a abrirlos, eran las siete menos cinco de un sábado, y estaba sentada en el Café Iruña, junto a la ventana.

Frente a ella había una silla vacía. Y sobre la mesa, una taza amarilla con girasoles.

Fin del capítulo 1

Foto de Óscar Lizarraga

Sobre el autor

Óscar Lizarraga

Fisioterapeuta en Pamplona y lector compulsivo de ciencia ficción. Es su primera novela.